De cómo empezó todo

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Los viajes de Laguía Travel empezaron a forjarse hace catorce años. Llevaba ya algunos años viajando por el mundo; pero fue por aquel entonces cuando me di cuenta de que todo aquello que me rodeaba, lo que veía, aprendía y escuchaba, era tan nuevo y sorprendente que no podía dejar que se quedara allí, a la deriva de mi mala memoria: ¡tenía que escribirlo! Con el tiempo, los diarios de los viajes se iban convirtiendo en entrañables recuerdos que releía en las noches de invierno, cuando el destino del verano siguiente aún estaba lejos.

Hace tres años quise comprobar si estos textos podían interesar a otras personas que no fueran mis compañeros de viaje y mis allegados. Decidí, jugando con mi apellido materno, crear una página web (www.laguiatravel.com), donde publicaría los viajes. La web nació y creció, sin dejar de ser nunca un proyecto absolutamente amateur, pero hecho con la ilusión de un proyecto profesional. Gracias a ella contacté con gente que nunca hubiera imaginado: lectores que me agradecían hablar de un determinado tema; otros que con sus conocimientos completaban los textos; los que criticaban algunas opiniones vertidas; profesores que educaban a sus alumnos apoyándose en la web; amigos de la infancia con los que volví a entablar contacto gracias a que descubrieran fortuitamente la página… Después vino el blog, donde he ido regularmente escribiendo breves historias sobre los países a los que viajaba; más de 250 artículos sobre personajes autóctonos, singularidades de los países, o simplemente anécdotas propias. Gracias al blog he podido alimentar mi curiosidad y mi afán de escribir.

A los dos años de lanzar la web y el blog, me animé a llevar a cabo el proyecto cuyo resultado tienes ahora en tus manos. Ha sido un año de mucho trabajo en el que no me han faltado colaboradores, amigos que me motivaban en aquellos momentos en los que me planteaba si el esfuerzo valdría o no la pena, y futuros lectores que no dejaban de preguntarme cuándo podrían tener finalmente los diez viajes reunidos en un libro.

Tengo que confesar que en todo este tiempo la escritura ha sido terapéutica. La libreta que iniciaba en cada viaje no me servía sólo de cuaderno de bitácora donde vertía descripciones de lugares y nuevos conocimientos: me servía también de diario en el que reflejaba mi propia evolución personal. Por eso lo considero más que un libro de viajes: es también un libro de experiencias. Muchas de ellas verás que son difíciles de explicar, en ocasiones inverosímiles, pero todas son ciertas. A veces pienso que la vida nos regala esas situaciones imposibles, si nos negamos a dejarnos contagiar por el gris con el que a veces se nos tiñe el día, e intentamos no quedarnos inmóviles, lo que no siempre es posible. El maestro Punset me dijo una vez: “Alberto, ¡no pares!”, y así lo he hecho, Eduard. Los viajes son, sin duda, un claro ejemplo de ello.

En relación a esto, quisiera tomarme la licencia de recordar una anécdota que me sucedió hace algún tiempo. Un día Guillermo, un buen amigo, jefe de mi anterior trabajo, comentaba a mis espaldas: “¿Sabes cuándo sueñas que alguna vez en la vida te gustaría hacer esto o lo otro? Pues él lo hace”. ¡Estaba con la antena puesta, Guillermo! Este libro es otro sueño que se hace realidad.

Y, en fin, no me queda sino decirte que me encantaría que, cuando te adentraras en las páginas del libro, sintieras la sorpresa del que aprende y descubre nuevos destinos; que te atraparan el color y la música del lugar, los olores, el sabor de las comidas, la emoción del momento, la diversión, la inquietud, la ira o la alegría;  y que, cuando dejaras la lectura para ir a dormir, lo hicieras satisfecho, sonriente, relajado, como cuando recordamos las escenas e historias vividas en un viaje.

Barcelona, a 21 de marzo de 2014

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