UNA SITUACIÓN DIFÍCIL DE CAMBIAR

guatemala niños
Estando en Momostenango, Guatemala, salgo a dar una vuelta por el mercado. Por el camino me encuentro con Lázaro, un chico danés que lleva cuatro años en el municipio en un proyecto agrícola y hoy es su último día en el municipio.

Cuando le pregunto sobre sus conclusiones del viaje, me dice que ha aprendido mucho y que también ha dejado su granito de arena, no obstante, nos dice que la Iglesia evangélica, provoca que el subdesarrollo se acentúe en esta zona. En los poblados, los indígenas van unas cuatro veces por semana a la iglesia, y esos días pasan tres o cuatro horas en el templo. Es cierto que lo hacen cuando han acabado de trabajar, pero aún así, les resta tiempo de descanso o de estar con sus hijos. Asimismo, un 10% de su salario lo dan a la iglesia, mientras los pastores muestran buenas viviendas u otras ostentosidades que el pueblo nunca se podrá permitir.

Hoy me noto cansado físicamente y emocionalmente. Empiezo a sentirme agotado de visitar poblados, de explicar lo mismo, que las mujeres y los niños nos digan “sí”, que entienden que hay que apostar por la educación, por la higiene, por la igualdad entre hombres y mujeres, y que en unos días yo me vaya a ir a mi ciudad, con todas mis comodidades, mientras esta gente permanezca en su machista e injusta realidad. Tengo la sensación de que todo quedará en el aire y en unos días se olvidará… ¿Habrá servido de algo el esfuerzo?

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