LA VIDA OFRECE UN ABANICO DE POSIBILIDADES

libertad

Estando en las románticas calles de La Antigua (Guatemala), me paro frente a una hospedería, donde hay aparcado un sidecar. Debe ser de alguien que está viajando a lo largo del país, ya que lleva bolsas portaequipajes a ambos lados de la moto, y sobre el asiento del sidecar hay unas correas que han debido servir para asegurar maletas. Seguramente se trate de una sola persona y aproveche el sidecar para llevar el equipaje.

En ese momento sale de la hospedería un hombre corpulento de unos 60 años ataviado con un traje de cuero amarillo de motorista. Se me acerca con una sonrisa y se dirige en inglés.

Se trata de un canadiense que me cuenta que está recorriendo la Carretera Panamericana. Esta carretera parte de Alaska, y pasando por Canadá, recorre todo el continente a lo largo de 25.800 kilómetros hasta llegar a Tierra de Fuego, en la Patagonia argentina.

Esto significa que está bajando desde Canadá…y ahora se encuentra en La Antigua. Es decir, probablemente lleve la mitad de su trayecto, unos 12.000 kilómetros…después de cruzar los Estados Unidos y México.

El hombre me comenta que hace unos años se retiró del ejército canadiense, donde había estado trabajando durante 26 años. Al poco de jubilarse, su esposa falleció, por lo que, teniendo en cuenta que sus hijos hacían sus vidas en otras ciudades con sus esposas y sus hijos, tenía dos opciones: quedarse en su pueblo envejeciendo, o hacer lo que siempre había querido, que era conocer el mundo con su moto, aprender español, estudiar psicología en Argentina….

Así que preparó su viaje, se subió a su cuidada moto, e inició su trayecto sin importarle cuando llegar. Tenía todo el tiempo del mundo.

El hombre me contaba ilusionado que en cuanto llegase a Argentina, se apuntaría en una universidad para mayores a estudiar Psicología… ”¡dónde mejor para estudiar algo así!”, me decía riendo…

En ese momento, llevaba dos semanas en La Antigua. Le había gustado y había hecho amistad con la familia de la hospedería, quienes además le estaban enseñando algo de español. Explicaba su historia con orgullo, valentía y humildad.

Quizá ese hombre no me recuerde como yo sí lo hago. Cuando podría haberse quedado estirado en su sofá esperando envejecer, decidió vivir… conocer, y desoír a sus vecinos que bien seguro le dirían que estaba loco a su edad, por embarcarse en una aventura así.

No tuve ocasión de decírtelo, pero si te tuviera delante te discutiría por qué estudiar psicología, cuando ya me demostraste en una hora que eras todo un maestro de la mente. Al menos a mi me ha servido durante años para creer que realmente el abanico de posibilidades que hay en la vida es amplísimo, y las decisiones que tomamos un día pensando que nos condicionarán el resto de nuestra existencia, un día cambian y en nuestras manos está que ese cambió se torne en oportunidad.

Si quieres leer más, visita http://www.laguiatravel.com/guatemala.html

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