LA VIDA DE UN INMIGRANTE SENEGALES EN REUS

senegales

Resulta curioso oír hablar a menudo en español a los senegaleses, a lo largo y ancho del país. Muchos han estado en España intentando sobrevivir. Algunos vendiendo en las playas, otros trabajando en el campo…

Me cuentan que cuando tenía dos o tres añitos, en la playa sentía predilección por los senegaleses. Ellos venían vendiendo sus collares y sus elefantes de madera, y yo cuando los veía, gateaba o corría a abrazarme a ellos. Supongo que ya debía percibir la bondad y el cariño de la raza.

Pues bien, nuestro guía y amigo Mamadou, nos explica su experiencia en España: el senegalés estudió para poder ser mecánico, sin embargo, cuando logró entrar en España por Almería, estuvo recogiendo fruta en el campo.

Después encontró una oportunidad en la empresa de camiones de Salou, donde ya pudo ejercer de mecánico. Una vez en Tarragona, le propusieron trabajar en la central nuclear soldando paredes metálicas.

Nos cuenta que veía mucha seguridad, pero que nadie les contaba nada a los tres senegaleses que se producía allí. Mamadou veía gente entrar como astronautas en determinadas zonas de la central, pero no acababa de entender por qué…

Al final le explicaron que en aquella gran central se empobrecía uranio, y cuáles eran las consecuencias de la radioactividad. Así que estuvo nueve meses y luego volvió a Senegal, tras 12 años en España, a buscar una vida que por lo menos, no le pudiera provocar ninguna enfermedad.

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